Bahrain Telegraph - En Ceuta, un viaje de ida y vuelta para los migrantes, agotados y sin esperanza

En Ceuta, un viaje de ida y vuelta para los migrantes, agotados y sin esperanza
En Ceuta, un viaje de ida y vuelta para los migrantes, agotados y sin esperanza / Foto: © AFP

En Ceuta, un viaje de ida y vuelta para los migrantes, agotados y sin esperanza

En pequeños grupos, los migrantes atraviesan la frontera en sentido inverso y regresan a Marruecos después de pasar dos o tres días en el enclave español de Ceuta, deambulando por las calles sin apenas comer.

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Ante el puesto fronterizo, militares y guardias civiles españoles indican la salida el sábado por la mañana a un flujo continuo de personas, la mayoría muy jóvenes.

Algunos van descalzos, otros llevan una manta de la Cruz Roja sobre los hombros; muchos están visiblemente agotados después de varios días vagando.

"Me voy porque no hay comida, pensaba que encontraría una buena acogida, pero no", explica Abdel Latif, de 23 años, antes de cruzar la frontera.

Había intentado probar suerte para "encontrar trabajo", porque "no hay trabajo en Marruecos", lamenta este joven que vive de pequeños oficios, como mecánico.

Como él, varias decenas de miles de migrantes llegaron en el espacio de unos días a Ceuta, provocando una crisis sin precedentes en este pequeño territorio español, así como una disputa diplomática dentro de la UE sobre la política migratoria que debe aplicarse en el seno del bloque de los Veintisiete.

Algunos intrépidos intentaron todavía el sábado alcanzar el enclave a nado. Dos hombres se desplomaron sobre la arena ante los ojos de los soldados, exhaustos por su travesía marítima.

Uno de ellos, muy debilitado, tuvo que ser atendido por socorristas de la Cruz Roja, que lo envolvieron en mantas pese al calor, antes de evacuarlo en una camilla.

Un soldado empujaba hacia la salida a otro hombre, cuya ropa todavía mojada daba testimonio de su reciente llegada.

Más lejos, otro hombre que también intentaba llegar a nado fue rescatado por una embarcación de la Guardia Civil española y después devuelto a Marruecos.

- Sin futuro en Marruecos -

Unos 60.000 migrantes llegaron en el espacio de dos o tres días, según una estimación del presidente del Gobierno local, Juan Jesús Vivas. El Ministerio español del Interior eleva la cifra a 50.000 personas.

Al menos 67 de ellos murieron al intentar alcanzar Ceuta a nado, según el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que lamentó unos sucesos "dramáticos".

"La práctica totalidad" de las decenas de miles de migrantes que entraron en los últimos días en el enclave español de Ceuta han regresado a Marruecos, según el Gobierno español.

Ceuta, pequeño territorio de 84.000 habitantes situado en el extremo norte de Marruecos y junto al estrecho de Gibraltar, constituye una de las dos fronteras terrestres entre África y Europa (junto con el otro enclave español de Melilla).

"¿Invasión? No. Eso es mentira", contó en español a la AFP Soufian, un marroquí de 42 años que entró nadando en Ceuta el jueves.

En su país trabaja como agente de seguridad doce horas al día "por diez euros" diarios, explica a la AFP, sin dar su apellido.

Tiene un ojo morado y un corte en la mejilla izquierda, después de una pelea entre migrantes durante un reparto de comida, según contó.

En la frontera, dos embarcaciones instalaban el sábado una barrera flotante en el mar para bloquear el acceso.

En Ceuta, la mayoría de los comercios han vuelto a abrir, los cafés están llenos y la circulación vuelve a ser densa.

Ante un supermercado del centro de la ciudad, un pequeño grupo de marroquíes esperaba poder entrar, pero el personal había cerrado las puertas y les pedía que formaran una fila.

Dos policías los echaron, haciéndolos huir corriendo, ante los ojos de los militares apostados al lado. Unos minutos más tarde, los marroquíes regresaron y la fila volvió a formarse de inmediato.

La situación ha vuelto a una "razonable normalidad" anunció el ministro español del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Pero los habitantes tienen otra opinión. "La verdad es que no hay tranquilidad", dijo Irene Cuadro, que trabaja como ayudante de cocina y esperaba en la cola de un supermercado.

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J.al-Haddad--BT